9.06.2012

Introduje mi mano lentamente dentro de la bolsa reticente a saber lo que habría dentro. Cada segundo que pasaba sentía tu mirada aún más clavada en mi nuca. Mi mano izquierda estaba sobre la mesa mientras que la derecha se adentraba en la carrasposa y vieja bolsa de lona que me habías entregado unos cuantos minutos antes. Me era difícil respirar y mi corazón latía absurdamente rápido. Mi cuerpo estaba tenso y tu mirada en mi nuca y el sonido fuerte y constante de las manecillas del reloj y la tenue luz que producía la vela medio consumida. Parecía una escena de una mala película de terror de los años sesenta. Me parecía escuchar la manera en que tragabas salida, lenta y dolorosamente. Estaba al borde de perder la cordura. Quería levantarme de la silla de madera y salir corriendo a través de la puerta que se encontraba a unos tres o cuatro metros de distancia. Quería gritarte y pedir una explicación de por qué me estabas haciendo esto, que no era justo, ni contigo ni conmigo. Dentro de mi pecho se estaba formando una bola gigante de sentimientos encontrados y estuve a punto de retirar mi mano y agarrar el utensilio que me habías ofrecido como método de escape. Pero respiré. Cerré los ojos e introduje rápidamente mi brazo hasta un poco más arriba de mi hombro.
Y pegué un grito ahogado.
Y soltaste una carcajada que sospecho que tenías dentro de ti hace mucho tiempo.

8.25.2012

Le gustaban las píldoras. No sabía desde cuándo, sólo sabía que le gustaban. Cuando se despertaba fumaba un cigarro, tomaba yogur y se sentaba a mirar el techo. No sabía qué hacer con su vida. Se sentía mal y tan sólo cuando las usaba su vida se arreglaba -irónicamente- un poco. Le gustaba leer y quería dejar de hacer lo que estaba haciendo. No sabía que pensar. Necesitaba usar lentes y no lo hacía, le gustaba tener las uñas de colores. Quería mudarse y su vida era un poco bastante aburrida e incoherente.
Como ésto.

8.19.2012

We should be whispering all the time.


I should be writing an essay but instead I’m doing this.
I wish I had longer eyelashes. I am always sad but I’m laughing most of the time and meaning it. But it doesn’t stop me from being sad. I wish I had been born somewhere else. Somewhere nice in Europe, somewhere cold and by the seashore. I wish I had money to travel. All I want to do in life is to learn and travel and read and write. I don’t want children but sometimes I’d like to adopt a kid, just so he knows he is deeply loved, and so I can teach him things I wish I had been taught and raise him how I’d have liked to be raised. I’m constantly gravitating between extreme misanthropy and wanting to kiss and hug everyone. I want the world to be happy. I want them to feel good about themselves. I’m studying Modern Languages. I want to study Literature. I like books more than anything else. I also like sex. My room is painted red, white and black. I have a couch, a bed, a desk, a yellow chair, a bookshelf, tons of paintings and pictures, a clock, post-it notes, a wooden chest and a metal basket. I wish I were good at drawing. I like music a whole lot but I don’t listen to it every day. I’m trying to completely figure out my sexual identity. I like the city I live in but I don’t feel safe. I love my family but I dislike their principles. I believe in equality. I have a pretty fucked up concept of life. I like alcohol and drugs. If you met me in real life you’d think I’m the kind of person who hates to drink. I actually love drinking, it makes me feel numb. I like feeling numb. I frequently go to the psychologist. I’m depressed and you wouldn’t tell if I hadn’t told you. I do stupid things all the time; you’d be amazed. I love languages. I love words. I’m in love with the world yet I want to kill myself ninety percent of the time. I’m always talking non-sense. I never talk about my feelings and that’s why I’m so sad all the time, according to my therapist. I should talk more. My favorite class is Morphology and Syntaxes. I drink whisky like it is water and I swallow an absurdly amount of pills every day. I lie most of the time. I like hurting people and I don’t know how to feel about it. I actually never know how I feel. I don’t like pretentious people. I loathe my father. I like girls. I like boys. I don’t believe in god but I don’t mind people who do, as long as they don’t take away anyone’s rights or try to shove their beliefs down my throat. Humanity is terribly stupid. We should love more and fight less. Money is overrated. I’m the happiest person you could ever meet. Dreaming scares me. I’m in love with every person I’ve ever met. I should stop hurting myself so much. English is not my first language. I waste my time. I like kisses. I don’t like poems. I’m a cliché. I dislike stereotypes. I hate having an opinion because so many things piss me off. I am not what I’ve told you above. I’m all lies and I’m disgustingly in love with a dark-haired boy with puppy eyes and small ears. I’m actually a nice person and a good listener.
happy.

7.04.2012

Akutagawa

"Es inexpresablemente doloroso vivir en este estado mental. ¿No hay nadie que venga y me estrangule en silencio mientras duermo?"

6.16.2012

fingerprints on film

fingerprints on film by laineylamonto
fingerprints on film, a photo by laineylamonto on Flickr.

Dificultades cotidianas.

Las palabras se me escapan últimamente más de lo normal. Estoy teniendo una conversación sin importancia con cualquier persona y de un momento a otro mi lengua tropieza y no es capaz de dejar salir la siguiente palabra que debería continuar. Trato de que la persona no se dé cuenta y desvío la conversación. Pero el hecho de que otra palabra logró escaparse queda grabado en la parte de atrás de mi mente, y me preocupa constantemente. ¿Qué voy a hacer si sigue pasando? ¿Va a llegar un punto en que no va a ser solo una, sino unas cuantas decenas y mis ideas no se vayan a poder transmitir?
Justo en este momento pienso en si esto solo pasa cuando estoy hablando. Tal vez no es cuestión de mi boca, sino cuestión de mi mente. Tal vez mientras escribo también llegue el punto en que se escabullan entre mis dedos y salten hacia otras bocas, hacia otras manos. Las palabras son lo único que me queda, y hasta ellas están decidiendo irse.

Confesiones desde Rusia.

Te fuiste a Moscú un día sin avisarme.
Llegué a casa cansada de arrastrar mi alma por las calles de la ciudad, dispuesta a olvidarlo todo por unas cuantas horas. El sonido incesante de la máquina registradora me molestaba, así que decidí escuchar el único mensaje que anunciaba el brillante número rojo. “Hola” era tu voz y esbocé una sonrisa fragmentada. “He llegado ésta madrugada a Moscú. (Madrugada de acá, son nueve horas de diferencia, por si no sabías). Te llamo de nuevo cuando me sienta con fuerza suficiente. Adiós” Fue así, tan lacónicamente, como siempre has sido tú. Me quedé paralizada con un zapato en la mano y mi cuerpo inclinado hacia adelante, como si el tiempo se hubiese detenido en medio de mi rutina y yo ya no supiera qué hacer. Pensé que era una broma. Moscú. Quién se iba hasta Moscú de un día a otro sin previo aviso. Quién me dejaría tirada por un tiempo indefinido sin más preámbulo, sin más palabras que “te llamo después”… Y claro. La inevitable y verídica verdad me golpeó. Tú. Solo tú lo harías. Con tus manías de escapar tan pronto sintieras un poco presión, tan pronto creyeras que el aire no era suficiente para compartirlo con alguien más. Y te ibas. A Moscú. Al otro lado del mundo.
Después de unos segundos relajé mi mano y el zapato cayó al suelo produciendo un ruido desabrido y simple. Me senté al borde del sofá y miré el cuadro que estaba colgado en la pared del frente. Una mujer asomada por una ventana, dentro de una casa pequeña y acogedora, al borde de un precipicio, rodeado por árboles gigantes e infinitos y aún así no se viera, podías sentir como el océano estaba presente. La cara de la mujer tenía una expresión tranquila, sin embargo dejaba ver un hálito de melancolía terriblemente grande e intangible. La caída del precipicio era vasta y oscura, y el cielo era el cielo más hermoso que alguien podría haber imaginado. Y tú lo habías pintado. Por supuesto.
Chéjov se acercó a mí sigilosamente (su nombre originalmente era Borges, pero “Ah, tú y tu obsesión compulsiva con esos flojos Argentinos. Chéjov suena mejor”. Y ahora cómo iba a hacer para ver al animal y no pensar en ti y en las horas que pasabas en el balcón y en esa vieja silla reclinable que habíamos comprado juntos un día en la tienda de segunda que menos te gustaba, mientras leías novelas rusas o japonesas y liabas tu tabaco y yo te llevaba el café amargo que habías preparado en la mañana y me sentaba a tu lado con mis novelas francesas o argentinas, y cuando fumabas un poco me pasabas el cigarro y yo arrugaba la nariz pero sin embargo lo ponía entre mis labios también y aspiraba profundamente) y se sentó a mi lado, y puso sus patas blancas con manchas negras sobre mis piernas y me miró como con lástima, como si se diera cuenta de que estaba al borde de perder la calma y yo solté un suspiro larguísimo y me tiré al suelo. Cómo iba a ser ahora. Con toda esta preocupación y todo este amor y todo este miedo de que no me quisieras tanto como yo a ti y decidieras no volver nunca más. Porque Moscú y tu amor hacia ese país, y las cosas nuevas que ibas a hacer, y las personas nuevas que ibas a conocer, y por fin hablar el idioma que tanto te habías esforzado estudiando y era todo lo que habías soñado. En cambio acá estaba yo con el alma saliéndose de mí y mi cuerpo contra el suelo crudo y frío, y Chéjov y tus pinturas y mis cuadernos y el sol de medianoche que solo nosotros dos podíamos ver y que ya no sabía si iba a volver a aparecer. Dime qué iba a hacer con mi inestabilidad y sin la tuya. Qué la iba a contrarrestar.
Me quedé dormida en esa posición y cuando desperté eran las cinco y cuarenta y tres de la mañana. “Las dos y cuarenta y tres de la tarde en Moscú”, pensé.

5.27.2012

VI

Estiró un brazo hacia su lado derecho y solo sintió un montón de sábanas frías. Sus ojos se abrieron inmediatamente y su corazón latía más fuerte de lo que lo había hecho durante toda su vida. Se sentó rápidamente y en un solo movimiento. Llamó su nombre pero la voz salió de su garganta fragmentada, como una suplica, con dolor. De nuevo, y esta vez fue más claro. Una vez más. No había respuesta. No había respuesta y sentía su corazón en sus oídos. Puso sus pies en el suelo y el frío le confirmó que era real, que no era una pesadilla. Finalmente se levantó, y aunque sus rodillas temblaran, comenzó a correr. Una habitación tras otra habitación. No había nadie. Repetía su nombre como un mantra y nunca había respuesta. Las manos le sudaban. Sus ojos estaban húmedos. Salió del apartamento y corrió a través del pasillo. Su cuerpo estaba congelado. Se detuvo frente a la puerta azul con marcas que dejaban ver todas las personas que alguna vez habían habitado detrás de esa pieza de madera. Reunió todas las fuerzas que aún le quedaban y golpeó, despacio primero, luego un poco más fuerte y constante. Cada segundo era una eternidad y la brisa le hacía temblar. Después de un instante la puerta se abrió y la vio allí, parada, con los ojos cansados, el cabello recogido y desarreglado, con una camiseta demasiado grande y con los dedos de los pies encogidos. Ella le sonrió y él eliminó el espacio que los separaba, envolviéndola en un abrazo lleno de palabras silenciosas, tan fuerte que ya no distinguía donde terminada su cuerpo y empezaba el de ella. "No sabes lo difícil que es..." le dijo cuando ya se hubiesen alejado un poco, "no te imaginas, vivir con el temor de que un día en cualquier momento llegue a casa y me encuentre con que has decidido irte. Nunca estoy seguro de que voy a despertar y vas a seguir allí. Nunca estoy seguro y me mata. No sabes lo difícil que es".
Ella le apretó un poco más y le llenó el cuello de besos que decían perdón con cada tacto. Y él jugaba con mechones de cabello y dejaba escapar sollozos casi inaudibles.

V

Se le hacía tarde, tiró la puerta muy fuerte y al escuchar el sonido se detuvo un momento y cerró los ojos y contrajo su nariz. Tenía un abrigo dos tallas más grande y guantes que definitivamente no le proporcionaban el calor que necesitaba. Apretó el par de folders que llevaba contra su pecho, dio un respiro profundo y abrió sus ojos de nuevo. Vio a un hombre parado a dos metros de distancia, mirándola con una expresión indescifrable en su cara, y luego le escuchó decir "¿Pasó algo? Sonó algo muy fuerte" Lo dijo tranquilamente, sin embargo hubo un momento en que su voz se quebró. Ella sintió sus rodillas temblar y sus manos empezaron a sudar. Al menos estoy usando guantes y no lo puede notar, pensó. "No fue nada, empujé la puerta un poco muy fuerte". Las palabras le salieron sin pensar y un segundo después no recordaba lo que acababa de decir. Notó una sonrisa en su rostro. "Vivo en el 3C" y una mano extendida.

5.25.2012

We should have been dead by now.
It sounds awful, I know. I know it more than anyone else. But you also remember. That night in which we crammed our mouths with handfuls of stardust. In which you held my wrist tight - oh so tight, and ran in straight line for what could have been minutes or hours, but we never looked back, not even once.
It was the next morning, when the atrocious and irrevocable truth came silently but steady towards us. You came to my house and looked at me with those big brown eyes of yours, and I let out silent sobs against your shoulder blade, and we engraved hushed promises throughout our skin and we kissed as if with doing so we would go back in time. No one else would ever know, just us two.
We should have been dead.

4.30.2012

I wrote this months ago (II)

I wish I could stretch my arms and be able to touch your ears or your collarbones or your silly tattoos or your puppy eyes, just like I used to. I wish I could go back in time and that when you were leaning towards me I hadn't stopped you, but leaned towards you as well, and I wish I could have tasted your chapped lips and felt your smile against my smile.
I wish I could hold you one more time.

I wrote this months ago (I)

My eyelids are heavy,
and all I can think about right now
is about
you.
Your perfect hair,
your words that stab me like
a
million
knives.
And I'd rather stay awake
writing about you.
About your eyebrows and your small eyes.
Because I can control my words
but not my thoughts, nor my dreams.
You are
my
dream
(s).

4.24.2012

Mornings filled with pancakes, kisses and silence. Those are some of the things I want but can't have.
Afternoons in which your fingers are entangled between mine, in which your lips leave a small but sweet trace through my spine.
Evenings with your eyes locked with mine, not watching the movies we're supposed to, with the voices as our soundtrack while my toes search for your ankle.

How I long for you. Come here.

4.23.2012