5.27.2012

VI

Estiró un brazo hacia su lado derecho y solo sintió un montón de sábanas frías. Sus ojos se abrieron inmediatamente y su corazón latía más fuerte de lo que lo había hecho durante toda su vida. Se sentó rápidamente y en un solo movimiento. Llamó su nombre pero la voz salió de su garganta fragmentada, como una suplica, con dolor. De nuevo, y esta vez fue más claro. Una vez más. No había respuesta. No había respuesta y sentía su corazón en sus oídos. Puso sus pies en el suelo y el frío le confirmó que era real, que no era una pesadilla. Finalmente se levantó, y aunque sus rodillas temblaran, comenzó a correr. Una habitación tras otra habitación. No había nadie. Repetía su nombre como un mantra y nunca había respuesta. Las manos le sudaban. Sus ojos estaban húmedos. Salió del apartamento y corrió a través del pasillo. Su cuerpo estaba congelado. Se detuvo frente a la puerta azul con marcas que dejaban ver todas las personas que alguna vez habían habitado detrás de esa pieza de madera. Reunió todas las fuerzas que aún le quedaban y golpeó, despacio primero, luego un poco más fuerte y constante. Cada segundo era una eternidad y la brisa le hacía temblar. Después de un instante la puerta se abrió y la vio allí, parada, con los ojos cansados, el cabello recogido y desarreglado, con una camiseta demasiado grande y con los dedos de los pies encogidos. Ella le sonrió y él eliminó el espacio que los separaba, envolviéndola en un abrazo lleno de palabras silenciosas, tan fuerte que ya no distinguía donde terminada su cuerpo y empezaba el de ella. "No sabes lo difícil que es..." le dijo cuando ya se hubiesen alejado un poco, "no te imaginas, vivir con el temor de que un día en cualquier momento llegue a casa y me encuentre con que has decidido irte. Nunca estoy seguro de que voy a despertar y vas a seguir allí. Nunca estoy seguro y me mata. No sabes lo difícil que es".
Ella le apretó un poco más y le llenó el cuello de besos que decían perdón con cada tacto. Y él jugaba con mechones de cabello y dejaba escapar sollozos casi inaudibles.

V

Se le hacía tarde, tiró la puerta muy fuerte y al escuchar el sonido se detuvo un momento y cerró los ojos y contrajo su nariz. Tenía un abrigo dos tallas más grande y guantes que definitivamente no le proporcionaban el calor que necesitaba. Apretó el par de folders que llevaba contra su pecho, dio un respiro profundo y abrió sus ojos de nuevo. Vio a un hombre parado a dos metros de distancia, mirándola con una expresión indescifrable en su cara, y luego le escuchó decir "¿Pasó algo? Sonó algo muy fuerte" Lo dijo tranquilamente, sin embargo hubo un momento en que su voz se quebró. Ella sintió sus rodillas temblar y sus manos empezaron a sudar. Al menos estoy usando guantes y no lo puede notar, pensó. "No fue nada, empujé la puerta un poco muy fuerte". Las palabras le salieron sin pensar y un segundo después no recordaba lo que acababa de decir. Notó una sonrisa en su rostro. "Vivo en el 3C" y una mano extendida.

5.25.2012

We should have been dead by now.
It sounds awful, I know. I know it more than anyone else. But you also remember. That night in which we crammed our mouths with handfuls of stardust. In which you held my wrist tight - oh so tight, and ran in straight line for what could have been minutes or hours, but we never looked back, not even once.
It was the next morning, when the atrocious and irrevocable truth came silently but steady towards us. You came to my house and looked at me with those big brown eyes of yours, and I let out silent sobs against your shoulder blade, and we engraved hushed promises throughout our skin and we kissed as if with doing so we would go back in time. No one else would ever know, just us two.
We should have been dead.