11.12.2010

.emancipaciones

Voy sola y creo escenarios en mi mente de lo que viviremos, de las sonrisas, de los cafés, de los tintes y de los gatos.

Tu tan pequeña y encantadora. Yo tan vacía e indestructible. ¿Seré capaz de quererte menos algún día? Me consumes completamente. Yo tan fuerte, pero tan absurdamente frágil a tu lado. Si te vas pierdo sentido y si te quedas todo está vivo. Me encantaría matarte a sonrisas, llenarte todos los días los bolsillos y los cajones y las repisas de papeles de colores, con tu nombre y mi nombre y un dibujo en la esquina, y que sepas que te siento, que te pienso, que te espero. ¿Qué estarás pensando justo ahora? Tal vez que sin tí estoy bien, que nada cambia, y te aseguro, no puede ser más falso algo. ¿Qué sientes? ¿Que no te quiero? Quizás estás en lo correcto, cariño. Yo a tí no te quiero, yo a ti te amo desaforadamente. Te lo digo miles de veces, y lo repito, y no me canso, pero aún siento que no es suficiente, que no soy suficiente. Pero mira, yo lo que quiero es todo contigo, y vivir, ir al cine y leerte y que me leas, caminar por las calles abarrotadas de personas, ir a restaurantes de mala calidad y embriagarme hasta tener lagunas mentales, y que me cuides y yo a tí. Quiero dejar mi olor impregnado en tí, en tu alma. Y que me dejes tu olor de cocina, de vida, de girasoles y de bosque, calado hasta mis huesos.

Supongo que después de esto es hora de que salga de mi pequeño cubo mitómano, y que me marche vertiginosamente hacia un lugar que aún no conozco (sería hacia un bici-taxi, pero a esos sólo me subo contigo).

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